José Andújar Villaescusa
Stalag o Prisión: Stalag XII-A (Hohenfels)
Stalag o Prisión: Stalag VII-A (Moosburg)
Campo de concentración de deportación: Mauthausen
Fecha de entrada: 06/08/1940
Traslado al campo/subcampo: Gusen
Fecha de traslado: 29/03/1941
Campo de concentración final: Mauthausen
Destino: Liberado
Fecha de defunción y/o liberación: 05/05/1945
Último domicilio del superviviente: Murcia
Nacido en Santomera el 3 de octubre de 1916. Era el primogénito de José Andújar García, albañil, y de Concepción Villaescusa Verdú. Se crio en un entorno de izquierdas, pues su padre era dirigente de la Casa del Pueblo y tesorero de UGT de Puente Tocinos, pedanía a la que se trasladó la familia. Pronto comenzó su militancia en Izquierda Republicana, organización en la que ocupó, en marzo de 1936, el cargo de vocal de las Juventudes, al mismo tiempo que consiguió un empleo como repartidor de Telégrafos. Su última residencia estuvo en la plaza de Santa Eulalia, nº 11, de Murcia.
Debió de alistarse voluntario al estallar la guerra civil, junto a sus hermanos menores Francisco y Antonio. Su participación en el conflicto la resumió en pocas palabras: “Durante la guerra fui soldado, comisario político de Compañía. Fui herido en una pierna y estuve ingresado en el Hospital de San Pablo de Barcelona”. A pesar de su herida, y con la ayuda de su hermano Francisco, consiguió cruzar la frontera francesa durante “La Retirada”, estando internando sucesivamente en los campos de Argelès y Septfonds. Desde este campo José intentó saber, a través de un amigo, si existía la posibilidad de regresar con seguridad a España, algo que ambos hermanos deseaban hacer. Por la respuesta supieron que no podían hacerlo.
Ante la falta de mejores expectativas ambos hermanos se alistaron en la 101 CTE y fueron destinados a fortificaciones en la zona de Amiens. Allí fueron capturados por el ejército alemán el 22 de mayo de 1940 y deportados al Stalag XIII-A, en Hohenfels (Baviera) y en julio de 1940 pasaron al Stalag VII-A, en Moosburg (en la misma región), en los que José llevó el número de prisionero 40.508. Fue interrogado por agentes de la Gestapo, en perfecto castellano y con amplia documentación sobre él -según recordaría posteriormente-, quienes lo clasificaron como “preso político español” y ordenaron su envío al campo de Mauthausen.
Tras un viaje en tren de 18 horas ingresó junto a su hermano a las 8 de la mañana del 6 de agosto de 1940. A José se le registró con el empleo de funcionario –aunque luego figurará como albañil– y se le asignó el número 3.176. Según su testimonio, como entendía francés e italiano, el primer día estuvo rellenando fichas de todos los que ingresaban en el campo. Después fue destinado a la cantera, transportando piedras de un lugar a otro: una de las tareas sin sentido a la que eran obligados los prisioneros con el único fin de destruirlos y, finalmente, construyendo casas para los SS. El 21 de marzo de 1941 ambos hermanos fueron transferidos al subcampo de Gusen (en sus notas biográficas dijo que fue trasladado a mediados de 1943). José recibió el número 11.544 (tendría más tarde el 45.343) y estuvo asignado al barracón 23 y luego al 17.
Además de su propio sufrimiento tuvo que asistir impotente al de su hermano, maltratado e inutilizado para el trabajo, que fue asesinado en la enfermería con una inyección letal, en febrero de 1942. Mientras todo esto sucedía, tanto él como su familia estaban siendo perseguidos en España, puesto que en marzo de 1941 el Juzgado Instructor Provincial de Responsabilidades Políticas de Murcia le abrió un expediente para incautarse de sus bienes (que sería sobreseído en diciembre de 1943), y su padre, que había sido condenando a treinta años de reclusión perpetua por “adhesión a la rebelión”, tras pasar por distintas cárceles, fue puesto en libertad condicional con destierro en un pueblo de Castellón, hasta que en noviembre de 1941 pudo regresar a su hogar (con obligación de informar mensualmente de sus movimientos). José fue uno de los pocos españoles primigenios de Mauthausen que logró sobrevivir hasta que se produjo la liberación del campo por el ejército americano, el 5 de junio de 1945. De allí salió con 33 kg de peso, una grave afección pulmonar y un oído reventado de un puñetazo asestado por un SS, así como con el imborrable recuerdo de la escasa comida diaria: un café con sabor a algarrobas por la mañana, un puré de nabos con patatas al mediodía y cincuenta gramos de pan, una rodaja de mortadela y un café por la noche.
De regreso a Francia, pasó un periodo de recuperación en el Hotel Lutetia de París y en una casa de reposo. Después trabajó de albañil y más tarde, entre noviembre de 1947 y julio de 1949, en la fábrica de Renault en Boulogne-Billancourt. Deseoso de regresar a su país, su familia consiguió los avales necesarios de las autoridades locales franquistas y, tras obtener su pasaporte en el Consulado de París, atravesó la frontera de Irún el 9 de agosto de 1949. De nuevo en Murcia, al poco conoció a la joven valenciana Josefa Blesa Muñoz –casualmente hermana de otro deportado, Joaquín, fallecido en Mauthausen en noviembre de 1941– con quien se casó en Murcia el 9 de agosto de 1952 y tendría dos hijos. José trabajó en la compañía de seguros Plus Ultra y falleció en Murcia en 1983, el mismo año que el gobierno alemán le reconoció el derecho a una indemnización por sus padecimientos.