Horno crematorio de Mauthausen. Museo de Historia de Catalunya
     Horno crematorio de Mauthausen. Museo de Historia de Catalunya

 Las durísimas condiciones de vida y de explotación de los prisioneros en los campos, en un sistema ideado para su explotación al límite y exterminio mediante el trabajo (“Vernichtung durch Arbeit”), provocaron que casi dos de cada tres prisioneros de origen murciano encontraran la muerte en los campos de concentración. De los 398 deportados identificados hasta el momento, doscientos cuarenta fallecieron por la extenuación, la desnutrición, el frío o las enfermedades y por los malos tratos y la violencia extrema, indiscriminada y arbitraria que sufrieron. En la misma contabilidad habría que incluir a los cinco desaparecidos en los últimos compases de la guerra, cuando algunos campos fueron evacuados en las llamadas “marchas de la muerte”. Este porcentaje de defunciones (un 61,5 % si incluimos a los desaparecidos) resulta ligeramente superior al del conjunto de los deportados españoles, situado en el 59 % por algunos estudios. En cualquier caso, un mínimo porcentaje dentro del total de más de 1,7 millones víctimas mortales en los campos de las SS.

La cronología de la muerte a lo largo de los casi cinco años en que los republicanos españoles y murcianos sufrieron en los campos nazis fue cambiante. Durante la primera fase de la deportación (1940-1942) se produjo el grueso de las víctimas, con un total de 224 murcianos fallecidos. El primer fallecido de origen murciano fue el bullense José María Molina Moñino, de treinta y siete años de edad, que murió el 21 de noviembre de 1940, a los setenta y cuatro días de su ingreso en Mauthausen. Sin embargo, el traslado masivo de prisioneros españoles –fundamentalmente los más viejos y enfermos– al subcampo de Gusen a partir de enero de 1941, incrementó enormemente el número de defunciones. Las cifras comenzaron a dispararse entre los meses de abril y agosto de 1941, con 47 murcianos fallecidos en Gusen. El periodo con mayor mortalidad en este colectivo –y entre los españoles en general– fue el que denominamos “semestre del horror”, entre septiembre de 1941 y febrero de 1942, con un total de 150 muertos (prácticamente dos tercios de todos los murcianos fallecidos en los campos nazis durante toda la guerra mundial), destacando como el mes más negro el de noviembre de 1941, con 54 defunciones. A los muertos durante este periodo hay que sumar los veinticinco prisioneros murcianos que, trasladados al cercano castillo de Hartheim, fueron asesinados en la cámara de gas o en diversos “experimentos médicos” entre septiembre de 1941 y octubre de 1942.

 

Cronología de la muerte de los murcianos en los campos nazis. 1ª fase (1940-1942)
Cronología de la muerte de los murcianos en los campos nazis. 1ª fase (1940-1942)
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A partir de marzo de 1942 desciende bruscamente los fallecimientos entre los españoles y los murcianos, debido a una mínima mejora de las condiciones alimentarias y de trabajo, al reorientarse por parte del gobierno alemán el objetivo “reeducativo” y punitivo de los campos, hasta entonces dedicados a extenuantes trabajos primarios y de desgaste, para que sus efectivos humanos colaboraran en la economía de guerra y la industria de armamento.

Durante los años 1943 y 1944 continuó el descenso de fallecimientos entre los murcianos. En esos dos años hubo seis defunciones en todo el colectivo, incluyéndose ya los primeros óbitos de ingresados durante la segunda fase de la deportación. Pero conforme el final del III Reich se acercaba se produjo de nuevo un incremento del índice de mortalidad en los campos, causado por al empeoramiento de las condiciones de vida provocado por el colapso del sistema de internamiento, al hacinamiento provocado por la concentración de prisioneros evacuados desde otros campos, así como por las desapariciones y muertes violentas o por agotamiento de los prisioneros durante las demenciales evacuaciones y “marchas de la muerte”. Así, en los apenas cuatro meses que discurren entre el 1 de enero y el 5 de mayo de 1945, periodo en el que se produjo la liberación de los principales campos, murieron diez murcianos y otros cinco desaparecieron sin dejar rastro (fundamentalmente en los campos de Neuengamme, Bergen Belsen y Flossenbürg y en el desastre de los barcos-prisión hundidos por los aliados en la bahía de Lübeck).